Javier Rodríguez Toro

Javier Rodríguez Toro

18 Mar 2025
Publicado en Educar para Ser

Compromiso + Compañerismo = Personalización

Me pregunto: ¿Qué sería de una pareja, de una familia, de una amistad, de un trabajo, de un colegio, etc., sin la existencia del compromiso? ¿Podemos vivir sin compromisos con nosotros mismos y con los demás en sociedad?

Creo que no existe una educación y relación verdadera sin compromiso. Educar, enseñar, aprender, emocionar, amar, son objetivos que en los humanos no tienen fin; por ello nos exigen compromiso, sacrificio, perseverancia, trabajo, calma y tolerancia a la frustración. ¡Eso es vivir y convivir! El filósofo Ferrater Mora decía que el compromiso designa un constitutivo fundamental de toda existencia humana.

El compromiso es un acto reflexivo, una promesa y una declaración de principios, más que una palabra como decía el existencialista Sartre. Estar comprometido requiere dedicación, esfuerzo y confianza en un proyecto vital. El compromiso y la responsabilidad van unidos y se expresa más en lo que hacemos que en lo que decimos a diario. El compromiso es algo que se cultiva, se siembra, se cosecha y por ello requiere paciencia y confianza en los demás. Conlleva cumplir con lo prometido cuando las circunstancias se ponen adversas, es lo que hace funcionar a un equipo humano y poder conseguir los objetivos que se persiguen.

Este valor mencionado va unido en la educación a otros como el compañerismo y cuando actúan armónicamente hacen posible la construcción de relaciones sólidas y duraderas, tanto a nivel individual como colectivo. El compañerismo fomenta un clima de confianza y respeto. Desde la familia y el colegio podemos enseñar ese tipo de actitudes y vínculos desde que son pequeños con el ejemplo. Cuando en un centro existe compromiso y compañerismo es posible enfrentarse a distintos desafíos, dificultades y retos. Como hemos dicho en diferentes ocasiones mirar hacia un bien común, nos ayuda a sentirnos parte de una comunidad y adquirir un sentido de pertenencia en el grupo humano. Además, a largo plazo reporta un mayor número de beneficios profesionales tanto a nivel colectivo como individual.

Por otro lado, desde las aulas debemos crear lazos de confianza que permitan construir un clima de aceptación de las diferencias individuales, convirtiéndolas en oportunidades de aprendizaje. Nosotros defendemos que el compromiso y el compañerismo pueden expresarse mejor en nuestro modelo educativo de educación personalizada, con una mirada holística e integral que se esfuerza por atender las particularidades y necesidades de cada alumno/a, ofreciéndole las oportunidades para que puedan sacar lo mejor de sí mismos, que puedan llegar a conocerse, respetarse y también a ser valorados por los demás.

No se trata de defender la homogeneidad o la igualdad, sino la inclusión. La inclusión supone considerar que somos distintos y por ello necesitamos cosas diferentes. No todos aprendemos al mismo ritmo, ni tenemos el mismo interés. En este proceso de aprendizaje de compromiso, compañerismo y personalización, se hacen necesarios la colaboración y el apoyo entre la familia y la escuela, porque todos necesitamos escucha, acompañamiento, exigencia, afecto y aceptación.

Tratando de responder a las preguntas planteadas al comienzo, yo diría que hoy mismo las familias y los colegios no podemos vivir saludablemente sin compromisos en nuestro entorno.

D. Javier Rodríguez Toro

Director del Colegio Gondomar

         

14 Ene 2025
Publicado en Educar para Ser

El valor de la gratitud

Para muchos un año difícil acaba de terminar y, aun así, casi siempre lo intentamos despedir, si podemos, con nuestros seres queridos como marca la tradición. La mayoría deseamos que la salud, la fortuna y el trabajo discurran sin muchos accidentes durante esos doce meses y que globalmente la paz sea el decorado principal de los pueblos; pero todos sabemos que ninguna profecía o décimo de lotería son algo seguro. Por otro lado, el sentido común y la prudencia nos orientan a ser agradecidos (aunque no sea habitual dejarnos llevar por ellos) simplemente por el hecho de estar aquí, por haber nacido en nuestra tierra, con esa familia que nos tocó, que nos dio la vida, acompañó y nos regaló ejemplos de amor incondicional y también de gratitud.

Cicerón decía que la gratitud es la más grande de las virtudes y la madre de todas las demás. Asimismo, el filósofo español Javier Gomá habla de Lucio Anneo Séneca para recordarnos el valor que se produce entre el que da y el que recibe, la complicidad, porque también es importante no olvidar y no caer en la deuda moral de la ingratitud. Para el filósofo estoico la capacidad de dar es parte esencial de lo que nos hace humanos; y en el caso de que el dar se lleve a cabo con el espíritu adecuado puede incluso acercarnos a lo divino. Lo principal es el impulso de la generosidad, hacer las cosas por pura “bondad” o de corazón. Las almas bellas, dice que, son las que siempre expresan agradecimiento, a pesar de las adversidades que puedan sufrir y simplemente se asombran del mero hecho de existir. Se sienten afortunadas por ello, como si fuera un don la existencia misma. Sin la razón humana y la societas nos sería difícil sobrevivir en este mundo.

En la actualidad, diferentes psicólogos de EE. UU. y Europa afirmaron que se observaba tras sus investigaciones que los que practicaban la gratitud con frecuencia y eran generosos habían creado unas herramientas para combatir las emociones tóxicas como la envidia, o la frustración y que además a largo plazo disfrutaban de un mayor grado de bienestar físico y emocional. Los trabajos de Seligman y Peterson hablaron de la gratitud como una fortaleza que permite manifestar la virtud de trascendencia, es decir, la conexión que tenemos con la naturaleza y el universo y que da sentido a nuestra existencia. ¿Qué nos diferenciaría de otras especies si no existiera la educación, la cultura, el lenguaje, el amor, el agradecimiento?

Estamos en una sociedad marcada por la prisa y el culto a la inmediatez; por ello debemos aprender desde pequeños a dar las gracias a todos los que nos rodean, a la naturaleza, a ser agradecidos con un compañero, con un vecino, con nuestros padres, abuelos, profesores; al hecho de estar aquí y poder contemplar un amanecer o disfrutar de un viaje y de tener un plato caliente en la mesa todos los días. Todo esto nos ayudará a superar los problemas y las circunstancias adversas de la vida, a ser más resilientes y humanos. La práctica de la gratitud es la que más contribuye a nuestra felicidad personal y a nuestra salud mental. Transforma nuestras vidas y la de aquellos que nos rodean.

Gracias por dedicar un tiempo a la lectura de este artículo y valorar la importancia de promover el impulso de dar a los demás, ya que creo que constituye el fundamento mismo de la sociedad y humanidad.

D. Javier Rodríguez Toro

Director del Colegio Gondomar

28 Oct 2024
Publicado en Educar para Ser

Acompañar el Alfabeto Emocional

Como ya os hemos informado el Colegio está participando en el proyecto de Educación Responsable de la Fundación Botín, que durará tres años, y durante los cuales los profesores recibiremos formación sobre el desarrollo emocional, social y creativo. Se trata de potenciar el desarrollo integral del alumno/a, fortalecer el vínculo docente con los alumnos/as, favorecer el bienestar y cuidado del profesor y promover la mejora del clima de convivencia en la comunidad educativa. Promover y formar en este tipo de cuestiones, según distintas investigaciones longitudinales de algunas Universidades, contribuye a mejorar el clima escolar, la salud y el rendimiento académico de los alumnos/as. Las personas que hemos participado desde el mes de septiembre en el curso de formación estamos ilusionados porque nos ayuda a mejorar en el día a día, ampliar nuestra mirada y nuestra capacitación profesional, así como brindarnos la oportunidad de ACOMPAÑAR mejor a nuestros alumnos/as, ofreciéndoles las mejores herramientas para que puedan sentirse más autorrealizados en su trayectoria vital.

Si miramos a nuestro alrededor, en la sociedad, en la política, en los medios de comunicación, las redes sociales, el fútbol, en los barrios, las comunidades de vecinos, en los trabajos, etc., podemos percibir cierta crispación, falta de autocontrol, una latente agresividad en las declaraciones de nuestros representantes, un auge de nacionalismos reduccionistas, casos de corrupción en distintas instancias, etc. Parece que nos olvidamos de los principios universales, de la ética, del valor de pedir perdón y aprender de los errores, de respetar las diferencias, respetando otras percepciones u otras formas de sentir y pensar. ¿Dónde se quedó el sentido común que permitió construir puentes, pactos y acuerdos? El liderazgo en las organizaciones quizás debería construirse con dotes de negociación, con empatía y mirando al bien común frente al bien individual. Me pregunto: ¿estamos a tiempo para educar en valores y buenas actitudes desde la familia y la escuela? Creo que ¡SÍ!

A nivel mundial hemos avanzado, respecto al siglo XX, en el reconocimiento de derechos humanos y libertades a pesar de los últimos conflictos tan dolorosos en países cercanos. Por ejemplo, en el ámbito de la educación, echando la mirada atrás, en las últimas décadas hemos comprendido la necesidad de atender lo mejor posible la diversidad, superando los modelos pedagógicos postindustriales que todavía persisten y que indirectamente han buscado una homogeneidad con una digitalización más exclusiva que inclusiva, conducida por un mercado y por las modas más que por evidencias científicas de la neurociencia. Los tiempos que corren nos exigen ampliar nuestra mirada, personalizar la enseñanza y reconocer que cada alumno tiene unas necesidades y un talento a desarrollar. Otro progreso en nuestro contexto sería el avance en el aprendizaje de los idiomas, tanto a nivel oral como escrito, lo que implica la posibilidad de que un número significativo de los alumnos/as sean capaces de obtener el diploma dual americano, estudiar sus grados universitarios en inglés e incluso hacer postgrados fuera de España.

Si estamos en un contexto de cambio e incertidumbre constante, ¿no deberíamos desde la familia y la escuela avanzar en la enseñanza del alfabeto emocional? La ciencia actual nos demuestra que la autorrealización y la felicidad dependen más de la inteligencia emocional de las personas que de su inteligencia aptitudinal. Por tal motivo, las personas necesitan construirse desde unos pilares sólidos como son las familias, las escuelas y los amigos, desde donde se construyen los afectos y se descubren esos límites que dan seguridad y autocontrol.

La comunicación, el reconocimiento y la gestión de nuestras emociones son habilidades fundamentales para la salud y el bienestar personal y colectivo. Desde la familia se pueden hacer muchas cosas: contribuir a fomentar un ambiente donde todos sus miembros se sientan libres para expresar emociones y sentimientos sin miedo a ser juzgados. Se pueden practicar rituales de gratitud dentro de ella: contar algo por lo que estemos agradecidos a los demás; dar las gracias en diferentes contextos; acompañar en situaciones de bloqueo sin juzgar; establecer entre todos unas rutinas diarias y normas de convivencia para generar seguridad y escribirlas en un lugar visible; hablar de las emociones y sentimientos que experimentan los personajes de un cuento o una peli; introducir un sencillo alfabeto emocional donde cada letra representa una emoción o crear nuestras propias tarjetas para que puedan aprender a reconocerlas e identificarlas (también se pueden comprar). Con este alfabeto emocional se contribuye a que todos reflexionen sobre sus propias emociones, identificando las que sienten para después comprender por qué y cómo pueden manejarse de modo saludable. Fomentar el autocontrol y la empatía, hablar de cómo nos sentimos cada uno de nosotros en diferentes situaciones. Introducir la calma a través de la relajación y la respiración. Animar a practicar la escritura de un sencillo diario emocional con sus dibujos…y muy especialmente celebrar los momentos felices de cada miembro de la familia; abrazar para que se sientan todos los miembros de la familia ESCUCHADOS y ACOMPAÑADOS.

Os animo a buscar esos momentos de calidad y de convivencia con vuestros hijos en la semana, por la tarde o durante la cena, antes de acostarse, en ese rato de juego o de lectura, etc., porque son prioritarios y a los adultos nos proporcionan una sensación de bienestar y de estar conectados con una de las cosas más importantes de nuestras vidas…Es la mejor inversión emocional y ellos lo podrán recordar cuando sean más mayores: el tiempo compartido con su familia, lo que antes se llamaba el calor del hogar, o el círculo de protección según alguno de nosotros.

Javier Rodríguez Toro

Director del Colegio Gondomar

09 Sep 2024
Publicado en Educar para Ser

Volver

Este es el título de una canción de Carlos Gardel, y de una versión interpretada magistralmente por Estrella Morente. También es el título de una película española muy galardonada. Pero, ¿qué verbo o sinónimo podríamos utilizar para hablar de la vuelta al cole: cambiar, transformar, mudar, convertir, renovar, regresar, retornar? ¿Qué sienten los niños, los adolescentes, los padres, los profesores, los maestros, cuando llega septiembre: alegría, pereza, ilusión, nerviosismo, incertidumbre?

Los adultos (profesores y padres) probablemente queremos lo mismo, que sea un año cargado de sueños, sonrisas, descubrimientos, aprendizajes, juegos, nuevas amistades, aventuras, preguntas, retos, rutinas, etc. En el cole cada día podemos tener una oportunidad para aprender e ir descubriendo poco a poco cuál es el talento de nuestros alumnos/as: los idiomas, las “mates”, la oratoria, el arte, la escritura, la lectura, la historia, la química, la economía, el deporte, la música, etc.

Las rutinas en sí mismas no son negativas, lo importante son cómo las afrontamos, su ritmo y la autoexigencia que establezcamos con ellas. Pueden amortiguar el estrés, la higiene del sueño, armonizar el estado emocional, facilitar el aprendizaje, proteger nuestra salud física y mental, las relaciones con los demás y lidiar contra la incertidumbre. La vida se construye de lo que ocurre cada día y no de lo que pasa excepcionalmente y al azar.

El filósofo y maestro Emilio Lledó dice que la educación no trata sólo de adquirir conocimientos, sino también de inculcar valores que guíen a los estudiantes en su vida. Los Colegios debemos promover la integridad, la empatía y el respeto, para que los alumnos/as no sean sólo exitosos académicamente sino también éticamente responsables. Debemos cultivar un ambiente de aprendizaje positivo y enriquecedor, donde nuestros chicos se sientan seguros para expresar sus ideas y poder aprender de sus errores. Cada uno tiene un camino único y nuestra responsabilidad es brindarles las herramientas, el apoyo necesario y el acompañamiento para que alcancen sus metas.

Hay un poema de Gabriel Celaya sobre el valor de la educación y que nos devuelve la belleza y la confianza en este quehacer maravilloso:

“Educar es lo mismo

         que poner un motor a una barca…

         Hay que medir, pensar, equilibrar…

          y poner todo en marcha.

          Pero para eso.

          Uno tiene que llevar en el alma

          un poco de marino…

          un poco de pirata…

          un poco de poeta

          y un kilo y medio de paciencia concentrada…

          Pero es consolador soñar,

          mientras uno trabaja,

          que ese barco, ese niño,

          irá muy lejos por el agua…”

 

Os deseo un feliz curso cargado de salud, alegría, serenidad y también de muchos descubrimientos en la travesía.

Volver, Pensar, Sentir, Hacer.

D. Javier Rodríguez Toro

Director del Centro

24 Jun 2024
Publicado en Noticias Generales

Pedagogía de la Alegría y la Felicidad

La RAE afirma que la alegría es un sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores, mientras que la ciencia nos habla de una emoción básica de los seres humanos que se produce en nuestro interior aportando una sensación de bienestar y energía positiva a nivel físico y espiritual. El viernes 14 de junio por la tarde, celebramos el festival de fin de curso con nuestros alumnos/as de Infantil y Primaria y pudimos experimentar el valor de la alegría. Las coreografías y las canciones de diferentes musicales populares nos hicieron vibrar, reír y celebrar el cierre del curso de la mejor manera posible, sintiendo que formamos parte de una experiencia común y compartida, y donde cada uno ha puesto lo mejor de sí mismo para su clase.

La alegría no forma parte del curriculum oficial; pero, ¿qué sería de un proyecto educativo o un colegio que no la tuviera presente en su ideario o pedagogía diaria? ¿O de una familia que no viviera esta sensación de bienestar? Esta emoción es trascendental, contagiosa, energética, enriquece la autorrealización, el optimismo, el clima escolar, la creatividad al ayudarnos a encontrar distintas soluciones ante diferentes problemas y curiosamente a largo plazo asegura la eficacia académica.

Dicen que los niños están sanos si tienden a la alegría, al juego y a la risa, ¿quizás nos ocurre lo mismo a los adultos? El filósofo Platón nos descubre que la alegría radica en el crecimiento personal y que es fruto de la satisfacción conseguida a través de pequeños logros.

La alegría es esa emoción pasajera que se produce en un momento determinado, y la vida nos va a ir demostrando que no se puede estar alegres siempre, ya que las emociones cambian y mutan al igual que las circunstancias; por lo tanto, no estaría mal prepararse para esta incertidumbre.                                               

Es curioso porque la felicidad es más permanente y nos aporta una satisfacción más continuada en el tiempo, es un estado que podemos obtener incluso sintiendo emociones desagradables, ya que va más allá de la alegría. Se puede ser feliz sabiendo que hay días en los que vamos a estar alegres y otros, no tanto. El filósofo Immanuel Kant afirmaba que la felicidad más que un deseo, alegría o elección, es un deber. No depende de los demás, sino de uno mismo, de nuestro comportamiento, actitud y carácter.

Desde la escuela podemos escribir y dibujar los senderos de la alegría y de la felicidad, convertir el obstáculo en oportunidad, la tristeza en dicha, y la rutina y el tedio en creatividad. Podemos crear esperanza entre los que se sienten rechazados, mejorar su autoestima, reír, respirar, enseñar a los alumnos a apreciar las cosas buenas que tienen, en lugar de lamentarse por las que no poseen, incentivarles en la búsqueda de la belleza como actividad compensatoria o simplemente placentera. Enseñarles a pensar y dudar, y a encontrar el sentido de su existencia, en definitiva, podemos crear actitud, hábito y celebrar la vida con alegría con personas que están creciendo y con las que compartimos tantas horas al día. Reconozcamos la pedagogía de lo amable y de la felicidad en nuestros proyectos, como salvaguarda de la salud física, mental y espiritual de todos.

La brisa del mar, los juegos en la playa, los baños en la piscina, los paseos, la recuperación de la siesta, el descubrimiento de la montaña, el deporte, la lectura, los helados, los chiringuitos, todo el tiempo de ocio y de descanso nos devuelven la calma y el ritmo de la naturaleza. Nuestros sentidos se agudizan, nuestra mente se oxigena y se desacelera ese frenético ritmo vital: la prisa.

Todos somos merecedores de un descanso y de sentir la alegría y la felicidad a nuestro alrededor.

¡Felices vacaciones!

D. Javier Rodríguez Toro

Director del Centro

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